La razón por la que el entrenamiento fracasa no es el perro — es que el 60 % del trabajo le corresponde al tutor, y casi nadie lo sabe.
Cuando un perro no mejora, la primera pregunta que se hace el tutor es: «¿Qué le pasa a mi perro?». La pregunta correcta es: «¿Qué estoy haciendo yo que mantiene este problema?». Ahí empieza el cambio real.


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