Por qué el perro que persigue al gato no lo hace por agresión, sino por impulso de presa, y por qué esa distinción determina la estrategia de trabajo, la diferencia neurológica entre el sistema de presa y el sistema de agresión y cómo usarla a favor de la convivencia, el Protocolo de Presentación Progresiva DCE 360° de seis semanas que ha producido convivencia pacífica incluso entre terriers y gatos, las cinco señales que indican que la convivencia va a funcionar y las dos que indican que no va a funcionar sin intervención profesional, cómo diseñar el entorno del hogar para que el gato siempre tenga salida y el perro siempre tenga límite, y el mantenimiento de la convivencia a largo plazo.
El perro que persigue al gato no lo odia. No está siendo agresivo con él. Lo ve como algo que se mueve rápidamente y que activa su sistema de presa de la misma forma que activa una pelota. El problema no es la motivación: es que el perro nunca ha aprendido que ese objeto que se mueve rápidamente es un miembro de la familia. El protocolo correcto no intenta apagar el impulso de presa: lo redirige y construye una nueva asociación. El gato pasa de ser una presa potencial a ser un estímulo neutral y después a ser un compañero de hogar.


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