Del perro que hay que arrastrar hasta la consulta, que muerde al veterinario o que elimina de estrés en la camilla al perro que entra por su propio pie, se deja explorar y coopera con los procedimientos: el protocolo completo de habituación, desensibilización y entrenamiento de conductas de cooperación médica.
El perro que teme al veterinario no es malo. Es un perro que asoció la clínica con las peores experiencias de su vida y que hace exactamente lo que cualquier ser vivo hace ante el miedo: huir, congelarse o defenderse. Tu trabajo no es forzarle. Es cambiar lo que esa clínica significa para él.


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