El perro que persigue al gato no lo odia. No está siendo agresivo con él. Lo ve como algo que se mueve rápidamente y que activa su sistema de presa de la misma forma que activa una pelota. El problema no es la motivación: es que el perro nunca ha aprendido que ese objeto que se mueve rápidamente es un miembro de la familia. El protocolo correcto no intenta apagar el impulso de presa: lo redirige y construye una nueva asociación. El gato pasa de ser una presa potencial a ser un estímulo neutral y después a ser un compañero de hogar.

Aprende en 20 minutos… Convivir con Gatos: Presentaciones Correctas y Convivencia Pacífica

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